De nuevo en Italia

Bueno, bueno… pues ya estamos de nuevo en Italia (iba a decir “en casa”, pero la nostalgia de mi tierra y de los míos hace que la expresión se me atragante).
Para no extenderme mucho, como era de esperar, Isabella se adaptó estupendamente al ambiente español (guardería, excursiones, clases de iniciación musical, clases de natación…) y a las vacaciones en la playa con la familia: estaba de lo más sociable y ha hecho muchos amiguitos. A partir de la 2ª-3ª semana en Sevilla comenzó a hablar con fluidez en español con todo el mundo (yo misma incluida) y de ahí en adelante su vocabulario fue aumentando en una veloz progresión aritmética mientras que su dominio de la base gramatical (avalando las teorías de Pinker y Chomsky -aquí una cita intelectual, para que conste que he estudiado-) lo hacía en progresión geométrica…
En cualquier caso, en su itagnolo sigo encontrando ejemplos de code-switching/code-mixing: yo por ejemplo suelo usar la expresión “no me digas que…” y ella lo interpretaba como “no me decirme que…”.

Ahora que llevamos unos días aquí la situación se repite pero a la inversa: llegó a decirle a su padre que no quería volver a Italia porque había olvidado el Italiano. Se comunica con nosotros en español y se niega a hablar con otros adultos. Con los niños es otra historia: le cuesta menos comunicarse y jugando con ellos, va recuperando el vocabulario y las expresiones en Italiano; por desgracia en mi pueblo la oferta de actividades extraescolares y de tiempo libre no es muy amplia (aquí un eufemismo…) y sólo he podido llevarla a una guardería donde la mayoría de los críos son más pequeños. Para colmo el domingo resbaló en casa y cayendo contra el suelo se abrió una brecha bajo el mentón, así que hasta después de Ferragosto, “niente asilo”.

En España hablé del tema del bilingüismo con una conocida que es psicóloga y que tiene una hija cuyo padre es italiano: me comentó que su hija también empezó más tarde a hablar, pero que lo del cambio de código lo llevaba estupendamente. Esta chica siempre hablaba en español con el padre de su hija, le venía natural hacerlo así porque él ya conocía nuestra lengua. Mi caso es diferente, ya que mi marido no sabía “ni papa” de español antes de conocernos y yo ansiaba practicar el italiano; pero como nunca es tarde, y mi marido ya entiende bastante español (y lo habla un poco), hemos acordado que en casa yo lo utilizaré siempre, tanto con mi hija como con él, aunque él responda en italiano (o en siciliano). Veremos si así mi hija mantiene el español en sus conversaciones, porque el invierno pasado, apenas comenzó la Scuola y se adaptó al italiano, dejó de hablar español conmigo.

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